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Edificios saludables y confortables. Confort térmico

Edificios saludables y confortables

Son muchos los factores que determinan si un edificio ha sido concebido y construido de la forma adecuada para alcanzar unos parámetros óptimos de calidad, y para entenderlos realizaremos una serie de artículos donde poder desgranar estas claves fundamentales. Empezaremos por el confort térmico.

CONFORT TÉRMICO

Las personas podemos adaptarnos a cambios de temperatura, incluso a situaciones de alto estrés térmico, pero la capacidad de respuesta fisiológica de cada individuo es diferente: la edad, el peso, el control de la hidratación, el uso de determinados medicamentos, el consumo de alcohol, género o facilidad de aclimatación determinarán cada respuesta individual.

¿Cuál es la temperatura de confort? No hay una concreta. Cada cuerpo tiene unas condiciones de alimentación, de metabolismo, superficie de piel, sudoración y sensibilidad que hacen difícil igualar la percepción térmica. Y, además, debemos añadir la influencia de la vestimenta que llevamos o la intensidad de la actividad que desarrollamos.

Aunque existen estudios que nos permiten determinar una temperatura agradable en función de algunos factores anteriormente comentados, fundamentalmente hay que considerar tres factores ambientales (parámetros de clima)que son más fáciles de medir y determinantes para nuestra sensación de bienestar: la temperatura, la humedad y la velocidad del aire.

La temperatura

Aquí van algunas recomendaciones contempladas en normas:

  1. No debe haber un gradiente térmico entre cabeza y pies mayor de 3 °C, especialmente si la cabeza está más caliente.
  2. La temperatura del suelo debe estar entre 19 °C y 29 °C
  3. Los techos calientes y las paredes frías generan malestar por asimetría.

Los edificios actuales consiguen la estabilidad térmica gracias a buenos aislamiento de los cerramientos, mejores carpinterías –que se comportarán en algunos casos también como captadores de energía– y la masa térmica de los materiales, evitando que se produzcan temperaturas extremas en el interior, incluso sin climatización.

Otras estrategias, como la orientación de los huecos, la colocación de elementos de sombra y cortavientos, la ventilación nocturna, así como la gestión automatizada, permiten conseguir unos niveles de bienestar térmico ideales.

La humedad

La humedad influye en los mecanismos de enfriamiento evaporativo de nuestra fisiología. Es decir, si la humedad es demasiado alta y el aire está más saturado, nuestro cuerpo tiene una capacidad reducida para refrescarse a través del sudor.

Los valores recomendados en verano están entre 45% y 60% y en invierno entre 40% y 50%. No obstante, si los valores están entre 30% y 70% apenas influyen en nuestra sensación térmica.

Los valores altos favorecen la proliferación de microorganismos, aumentan la posibilidad de condensaciones en paredes y techos y pueden generar más dolor en personas con enfermedades reumáticas, especialmente en condiciones de baja temperatura.

Aspergilosis, asma, bronquitis asmatiforme o bronquitis crónica son algunos de los problemas de salud vinculados a la alta humedad.

Los valores bajos de humedad, aparte de producir sequedad en mucosas, son especialmente críticos en presencia de electricidad estática, y se recomienda que su valor, en estos casos, no baje del 50%.

La velocidad del aire

El aire es considerado como un enemigo potencial para la climatización, debido a que en fase de calentamiento es evidente que su movimiento puede generar malestar.

Por ello, la velocidad del aire se limita a valores en el interior de edificios inferiores a 0,25 m/s en invierno. No obstante, en periodo estival se incrementa este margen hasta 0,50 m/s.

La capacidad de modificar las condiciones higrotérmicas mediante la ventilación natural hace de la apertura controlada de huecos una herramienta fundamental para luchar contra el sobrecalentamiento en verano. El sombreamiento de huecos y la existencia de patios pueden ayudar en este cometido. Pese a las mejoras de la gestión domótica, el usuario y sus costumbres siguen siendo la clave para usar el aire como aliado y lograr bienestar.

Aunque existen diseños bioclimáticos, muchos de ellos se basan en soluciones constructivas tradicionales con envolventes de gran inercia térmica, pero el precio del suelo y el tiempo de ejecución y la limitación de apertura de huecos, hacen que su uso sea poco extendido hoy en día. Una forma de compensarlo suele ser emplear equipos de climatización y ventilación controlada que asociados a sistemas de aerotermia ofrecen la posibilidad de adaptar las condiciones interiores a las necesidades del usuario con un coste energético muy reducido. Evidentemente, la base fundamental será disponer de un buen diseño arquitectónico y una buena envolvente térmica, en función del contexto, el clima y las necesidades requeridas.

En osar arquitectura nos aseguraremos que el diseño elaborado tenga un diálogo adecuado con su entorno para reducir en lo posible las necesidades externas de climatización.

Fuente: Siete llaves para un edificio, editado por el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España. ISBN: 978-84-09-16187-4