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Edificios saludables y confortables. Productos y materiales saludables

amianto

Cada vez es más habitual la tendencia de las personas a cuidar su bienestar y actuar de una forma respetuosa con el medioambiente, consumiendo de forma más asidua, servicios y productos naturales y ecológicos. Son modelos de una economía emergente que han surgido para satisfacer nuevas necesidades de una sociedad preocupada por la salud integral. Esta preocupación empieza a extenderse en el sector de la construcción, pero ¿existe una conciencia ciudadana de la gran cantidad de productos que hay en nuestros edificios que pueden alterar nuestro bienestar y perjudicar nuestra salud?

PRODUCTOS Y MATERIALES SALUDABLES

Según la OMS, un ciudadano corriente puede llegar a pasar más del 80% de su tiempo en el interior de los inmuebles. Durante este tiempo están en contacto con un número importante de productos constructivos que conforman el edificio, los cuales presentan unas propiedades y características que le permiten cumplir los requerimientos legales. Sin embargo, no han sido examinados con una visión más amplia en la que se consideren los impactos medioambientales, ni tampoco los efectos fisiológicos e incluso psicológicos sobre el ser humano.

Todo esto ha de comportar una reflexión importante respecto la capacidad que tenemos de estar en contacto con los productos y materiales, de los efectos que nos producen y de la biocompatibilidad que mostramos hacia ellos para tener un mejor y mayor bienestar.

Decimos que un producto es tóxico cuando se ha demostrado y ha quedado evidenciado que tiene la capacidad de producir efectos perjudiciales y/o dañinos a los seres. Os identificamos algunos de los más comunes hoy en día:

  • Amianto

El amianto sirve para denominar una serie de metasilicatos complejos de hierro, aluminio y magnesio, que al desmenuzarse presentan formas fibrosas. Se caracterizan por su incombustibilidad, un buen aislamiento térmico y su resistencia a altas temperaturas, al paso de electricidad, a la abrasión y a los microorganismos, lo que hizo que fuera muy extendido su uso desde principios del siglo XX. No obstante, la exposición al amianto tiene efectos muy negativos para la salud, pudiendo producir diversas enfermedades como:

  • Incrustaciones de fibras en la epidermis, formando verrugas cutáneas.
  • Inhalación de fibras: asociada a graves enfermedades progresivas invalidantes, como la asbestosis y diferentes tipos de cáncer, como el de pulmón.
  • Creosota

El método de creosotado se ha utilizado durante más de 150 años para tratar y preservar las maderas expuestas a la intemperie. Esta protección evitaba el ataque de hongos, bacterias e insectos xilófagos. Debido a que algunos de los componentes de la creosota no se degradan con facilidad, son considerados nocivos para el medioambiente y perjudiciales para la salud, ya que el contacto directo con las personas puede provocar vómitos, irritación de ojos y mucosas, e incluso desarrollar cáncer de piel en aquellos casos en los que el contacto es prolongado.

Podemos encontrar maderas creosotadas en la jardinería de muchas viviendas y elementos de decoración (o en las traviesas para las vías férreas o postes telegráficos). En estos casos se debe desmontar y trasladar a un gestor de residuos peligrosos. Para que pueda ser quemada en hornos especiales. En ningún caso debe hacerse a la intemperie, ya que los gases de la combustión de la madera impregnada con creosota se liberan a la atmósfera, incluidos compuestos tóxicos como el benzopireno, pudiendo ser inhalados por la población.

  • Plomo

A principios de los años noventa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el plomo es un tóxico general que se acumula en el esqueleto. Los lactantes, los niños hasta los seis años de edad y las mujeres embarazadas son los más vulnerables a sus efectos negativos para la salud. El plomo también dificulta el metabolismo del calcio y es tóxico para el sistema nervioso, tanto central como periférico, con efectos neurológicos subencefalopáticos y comportamentales.

Los productos de plomo extraídos han de ser trasladados a un gestor de residuos, los cuales serán preparados para ser usados como subproductos en un proceso de valorización.

No podemos separar nuestros edificios del entorno donde se encuentran y como consecuencia también hemos de fijarnos en el planeta del que formamos parte. Por esto es necesario tener presente que los seres vivos estamos inmersos en un medioambiente con el que interaccionamos y del que dependemos para nuestra supervivencia. La salud y el bienestar de las personas están estrechamente relacionados con la calidad y las variaciones del entorno que nos rodea. Todo esto lleva a las administraciones a fijar unos objetivos para la sostenibilidad que garanticen la satisfacción de las necesidades actuales sin comprometer las de las generaciones futuras, asegurando el equilibrio entre crecimiento económico, cuidado del medioambiente y el bienestar social.

Para poder cuantificar los impactos ambientales se impulsó, a mediados de los años noventa, una base científica y reglamentaria: el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), que permite dar respuesta a cuestiones como la comparativa entre dos procesos diferentes de fabricación del mismo producto, la comparativa entre dos productos de diferente naturaleza que tienen aplicaciones similares y la comparativa entre las diferentes etapas del ciclo de vida de un mismo producto.

Para que esta información sobre los productos pueda ser trasladada al usuario se desarrolló el documento resumen llamado: Declaración Ambiental de Producto, DAP (del inglés, Environmental Product Declaration, EPD). Las DAP forman parte de la familia de etiquetas ecológicas definidas en las normas internacionales ISO como ecoetiquetas.

La gran complejidad de los vínculos entre los factores ambientales y la salud requerirá de muchos cambios que se deberán emprender con cierta urgencia, influenciados por una ciudadanía que exige un mejor bienestar y una protección del medioambiente. Los más evidentes apuntan hacia un uso más eficiente de los recursos, que comportarán la reutilización, la reducción de presión al consumo de recursos naturales, la valorización de residuos, el uso de soluciones constructivas autóctonas o técnicas y tecnologías low tech que sean propias y perfectamente adaptadas a cada región o zona climática, además de incorporar mucha información a los productos para poder razonar, justificar y personalizar las decisiones al respecto.

En osar arquitectura velaremos por mejorar la calidad y las prestaciones medioambientales y de salubridad en nuestros proyectos, así como a valorar, guiar, aconsejar y acompañar para que se elijan los productos más adecuados en cada situación.

Fuente: Siete llaves para un edificio, editado por el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España. ISBN: 978-84-09-16187-4

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