Para muchos sigue siendo un lujo o un capricho innecesario, sobre todo ahora que cada vez son más los meses calurosos frente a los fríos en estas latitudes, pero no conozco a nadie que, una vez experimentada la sensación de estar en un ambiente calefactado por suelo radiante, no lo considere agradeble y extremadamente confortable. ¿Cómo se valora el placer o el bienestar de poder calefactar de forma invisible TODA tu vivienda? ¿Cómo valorar el confort de andar descalzo por toda tu vivienda durante los meses más fríos del año?
Pero no sólo es el sistema de calefacción que más confort proporciona, además, combinado con aerotermia (que haciéndola trabajar a baja temperatura, entre 30-45ºC, es cuando alcanza su mejor rendimiento), proporciona un elevada eficiencia energética, consiguiendo importantes ahorros de energía, que podrían ser incluso mayores si además le añadimos producción de electricidad mediante placas fotovoltaicas.
A parte del generador de calor (aerotermia), el suelo radiante lo componen los siguientes elementos
Base de forjado y elementos previos de aislamiento y antihumedad
Se deberá identificar el espacio útil a calefactar sobre el forjado en cuestión. Después se instala la denominada banda perimetral que se trata de una cinta esponjosa que se coloca a modo de rodapié cuya función es absorber las dilataciones del suelo, además de evitar los puentes térmicos y acústicos. Esta cinta se dispone en todo el perímetro de las zonas dónde se vaya a instalar suelo radiante. Posteriormente y antes de proceder a colocar el material aislante se instala encima del suelo una lámina de film de polietileno que actúa como barrera antihumedad entre el suelo base y la superficie emisora de suelo radiante colocada encima, de forma que evita el ascenso por capilaridad de humedades. Para terminar con los elementos de aislamiento se coloca el panel aislante. Se trata de un material fabricado habitualmente en poliestireno expandido de alta o polietileno capaz de soportar el peso del mortero y del pavimento sin aplastarse. Sobre este panel aislante se colocarán después los circuitos de tubería. Su función principal es el aislamiento térmico y acústico para que el calor irradiado se dirija hacia arriba y no se desperdicie hacia abajo.
Circuito de distribución
Encima del panel aislante se instalan los circuitos de tuberías de agua que serán las encargadas de transmitir el calor a las estancias. Suelen ser de polietileno, PEX o polibutileno y se instalan siempre en una sola tramada, sin empalmes, formando distintos circuitos cerrados cuyo origen y final será la caja de colectores del nivel en que nos encontremos. Lo ideal, para el equilibrado del conjunto es que no exista mucha diferencias de longitud entre los distintos circuitos, como regla general suelen tener entre 80-100 m, no recomendando exceder los 120m
Para la sujeción de la tubería sobre los paneles aislantes se utilizan unas grapas de sujeción especiales que fijan el tubo hasta el momento del vertido definitivo del mortero o se presionan directamente sobre el panel aislante cuando éste dispone de tetones
Bomba circuladora y colectores
Las bombas de circulación serán las encargadas de mover el agua por todo el circuito hidráulico. Deben estar calculadas para proporcionar el caudal adecuado de forma que no fluya muy rápido ya que en este caso no se irradiaría suficiente calor.
Los distintos circuitos de tubería que se quieren independizar para la vivienda se centralizan en una caja de registro denominada zona de colectores donde se regulan de forma independiente las temperaturas de cada una de las habitaciones de la vivienda en función de sus respectivas necesidades caloríficas. En su puesta en marcha es necesario realizar el equilibrado de la instalación para que el calentamiento de cada estancia sea uniforme. Para ello se utilizan los reguladores de caudal (caudalímetros) que se instalan en los colectores. Por último, hay que asegurarse de que el salto térmico entre la ida y el retorno no sea superior a 10ºC con el objetivo de optimizar el proceso de intercambio térmico.
Solera emisora
Tras la instalación de las tuberías se vierte encima una capa de mortero con un aditivo químico fluidizante que lo hace más líquido. De esta forma, el mortero se convierte en autonivelante y se envolverá perfectamente con el tubo sin dejar poros de aire que dificultarían la transmisión del calor. El resultado final es un mortero con una mayor resistencia mecánica y una mejor transmisión del calor. El vertido del mortero autonivelante esconde los circuitos de tuberías que dejan de verse y suele ser de unos 4-5cm de espesor.
Pavimento final
La colocación del pavimento es la última operación en la instalación. Este pavimento debe tener una buena conductividad térmica para permitir una correcta y más eficiente calefacción de las estancias. Cualquier pavimento porcelánico, cemento pulido o piedras naturales se comportará bien, por el contrario, los pavimentos de madera, debido a la escasa conductividad térmica de la madera, estarían desaconsejados, ya que estaríamos creando una capa aislante entre el emisor y el espacio receptor del calor, dificultando la correcta emisión del calor.
Sistemas de control
Las instalaciones de suelo radiante se pueden controlar y regular por zonas, aunque lo normal es considerar que todas las estancias trabajen a la misma temperatura de confort.
También debe existir un sistema de seguridad que debe cortar la circulación del agua si por un fallo de la instalación de regulación la temperatura del agua sobrepasa los 60ºC. Esto se consigue con un termostato, instalado en la tubería que pare la bomba si se sobrepasa esta temperatura.
VENTAJAS
- Confort: El calor se reparte de forma uniforme a través de toda la vivienda y no se concentra en un solo punto, como sí ocurre con otros emisores térmicos. Además, el suelo radiante mantiene un óptimo perfil de gradientes de temperaturas (la temperatura confortable se transmite de forma homogénea desde el suelo hasta el techo), reduce la inercia térmica del edificio y reduce las corrientes de aire evitando el flujo brusco por corrientes de convección, por lo que los movimientos de partículas son muy reducidos mejorando la calidad del aire interior. Todo esto lo convierte en una instalación ideal a nivel de calefacción por el bienestar y el confort que aporta.
- Eficiencia energética: El suelo radiante con aerotermia, dimensionado para trabajar a baja temperatura de calefacción, alcanza niveles de eficiencia energética excelentes (con un COP incluso superior a 4). Para viviendas estándar, el retorno de la inversión suele rondar los 10 años, pero si la vivienda dispone de producción fotovoltaica o pueden acogerse a ayudas estatales o autonómicas, este retorno podría verse reducido notablemente.
- Espacios diáfanos: es una “calefacción invisibe”, donde el elemento emisor no está presente en el espacio habitable, permitiendo una mayor libertad de movimiento y configuración de espacios.
- Ausencia de ruido: los sistemas radiantes se caracterizan por no generar ruidos molestos que tienen efectos negativos en la comunicación y el confort de las personas. El conjunto se comporta como un suelo flotante aportando al conjunto del forjado una reducción del ruido de por impacto y ayudando a cumplir con las exigencias del DB-HR del CTE entre distintos niveles.
- Reducción emisiones CO2 y gases nocivos asociados a los sistemas de combustión.
En el proceso de calefacción no se emiten gases de efecto invernadero (CO2) ni tóxicos en los recintos habitables, como si sucede con chimeneas y calefactores de gas.
DESVENTAJAS
- Los sistemas tradicionales tienen poca inercia térmica mientras que los sistemas radiantes se caracterizan por una elevada inercia térmica, lo que se traduce en que son sistemas que no se adaptan bien a los cambios bruscos de temperatura ya que necesitan más tiempo para calentar o enfriar, por lo tanto, son más adecuados para estancias o viviendas de uso continuo y menos para espacios de uso intermitente que no requieran unas condiciones de confort permanentes
- Coste inicial: suele rondar los 60-70€/m2, de modo que el coste de la inversión inicial, sumada a al sistema de aerotermia, podría ser un factor determinante en muchos casos aunque, si se tiene en cuenta que la vida útil de un edificio suele ser superior a los 50 años y que el retorno de su inversión suele estar alrededor de los 8 años, las ventajas que aporta suelen ser merecer el esfuerzo.
Enlaces:
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